Hacia el año 99, cuando tenía unos 24 años, Narcís Fors descubrió los kayaks de mar en el Salón Náutico de Barcelona. De una forma u otra, su familia siempre había estado vinculada al mar, y él aprendió a amarlo desde pequeño. Gracias al dinero que le dejó su hermano, se compró uno de plástico y así se inició, de forma completamente autodidacta –hoy diríamos temeraria- en el mundo del kayak de mar. Y cuando ya estaba absolutamente enganchado, el plástico le supo a poco.

Es noviembre, y en Lloret de Mar ya se nota que el invierno tiene prisa por llegar. Quedamos con Narcís en el puerto para una salida en kayak, pero la lluvia decide que hoy no vamos a cumplir nuestros planes, así que nuestro particular anfitrión nos lleva a una de esas tabernas de toda la vida de Lloret, donde aún van los pescadores los días de mala mar (sí, señores, Lloret de Mar sigue siendo, al menos 9 meses al año, un encantador pueblo de pescadores, de callecitas estrechas y empedradas con macetas en las puertas de las casas -todas ellas de una o dos plantas como mucho-, de lonjas con redes colgando, olor a salitre y mar, y vecinos que se conocen de toda la vida). A pesar de su juventud, en el bar a Narcís todos le saludan por el nombre. Nosotros agarramos el café con las dos manos para recuperar algo de calor corporal mientras nos alegramos secretamente de que la lluvia nos haya hecho abortar la misión de salir al mar, ya que hubiéramos muerto de hipotermia. Pero Narcís nos sigue mirando con algo de tristeza y no deja de insistir: “¡son 4 gotas! ¿Seguro que no queréis salir?” Tras recuperar temperatura, y hacernos prometer que la próxima primavera saldremos a navegar -con vivac en alguna cala incluido-, nuestro marinero nos lleva por las callejuelas hasta su taller. Ya antes de entrar, el olor a madera impregna toda la calle. ¡Normal que a Narcís no le guste el plástico! Este aroma no tiene nada que envidiar al mejor de los perfumes franceses.

Nada más entrar, sorprende una estantería doble repleta de libros y  manuales, casi todos en inglés, sobre todo tipo de kayaks. En las paredes, fotos antiguas de barcos, la familia, y planos de construcciones. Todo está cubierto por una capa de serrín, algo que, lejos de parecer sucio, aporta un tremendo encanto al conjunto.

La madera. El trabajo manual. Y el aprendizaje constante. Son los tres pilares sobre los que se sustenta esta historia.

“Al cabo de un tiempo con mi kayak de plástico, vi que en EEUU había mucha gente que se hacía los suyos propios de madera. Allí había muchos libros y manuales de cómo construirlos. Yo estaba en un momento en que no sabía muy bien qué hacer, no quería estudiar, así que pensé que me podía dedicar a ello, pero en aquel momento no lo veía como un negocio, sino como un trabajo manual o artístico. Me compré un libro por Amazon, y ahí empezó todo.”

surgere-magazine-narcis-fors

 

Con la escasa información disponible, Narcís emprendió la aventura “El kayak empiezas a hacerlo desde el primer momento en que empiezas a buscar información. Tuve que aprender a traducir del inglés palabras técnicas, a cambiar de pulgadas a centímetros. Todo era un desafío. Finalmente, en 2002 acabé mi primer kayak de tablero marino. Era una técnica relativamente fácil. Disfruté mucho pero quería aprender más. Mi gran objetivo era construir un kayak de listones, pero vi que para ello tenía que ir a EEUU o Canadá.” Tras enviar mails a decenas de constructores, sólo obtuvo una respuesta. En 2004, Jurgen, un alemán afincado en Canadá le invitaba a vivir en su casa-taller, a cambio de la manutención. Jurgen se dedicaba a fabricar kayaks tradicionales, y estaba dispuesto a enseñarle “Realmente fue una cita a ciegas, ¡ninguno de los dos sabíamos lo que nos íbamos a encontrar! Cogí la maleta y me planté allí”. Era un pueblecillo llamado Lund, a unos 100 km de Vancouver, al final de la carretera Panamericana. Apenas 4 casitas, un embarcadero, un pequeño supermercado, un hotelito y una oficina de correos.

surgere-magazine-nacis-fors-canada

Allí pasó un año, aprendiendo el idioma y los métodos de construcción de embarcaciones de madera. “Al cabo de unos meses finalicé el aprendizaje con los kayaks de listones, y no sabía muy bien qué hacer, estuve a punto de volver a Barcelona, un poco desanimado. Pero entonces conocí a Bill McKee, carpintero de ribera (constructor de grandes barcos de madera). Tras perseguirle como un loco -a veces creo que casi rozando el acoso, jajaja-, accedió a acogerme como aprendiz. Con él aprendí muchísimo. Es un tio especial. Por la mañana construía barcos en su taller, y por la tarde daba clases de tai-chi para la comunidad. Estaba muy influenciado por la cultura oriental. “De hecho, él usaba herramientas japonesas, ¡pero sólo me dejaba mirarlas! A mi me hacía usar otras “de batalla”. Pasó con él primavera y verano. Pero al final tuvo que regresar. “Volver a Barcelona fue un shock.

Después de tantos meses en pueblecitos pequeños, viviendo en comunidad, esto me parecía horrible. Así que me establecí en Lloret de Mar y empecé a montar mi taller.”

surgere-magazine-narcis-fors-canada

Como no sabía si aquí lo encontraría, Narcís volvió de Canadá con las maletas llenas de listones de cedro (Western Red Cedar), una madera ideal porque es muy ligera y no se pudre. “Cuando pasé por el aeropuerto con una maleta llena de listones, en control de aduanas no sabían si reír o llorar, al decirles que era un kit para hacerme un kayak. Yo creo que me dejaron pasar porque me vieron jovencito y con cara de pardillo”.

Nada más llegar, recibió su primer encargo: “era un kayak groenlandés. Yo estaba muy estresado, porque no era para mi, sino que era para alguien que lo quería comprar. Finalmente, por problemas en la entrega de los materiales, tardé demasiado en acabarlo y me lo acabé quedando yo. Pero me ha servido como tarjeta de presentación de lo que sé hacer, ¡así que creo que al final fue positivo no venderlo!”  

Y así empezó a correr la voz y a llegar nuevos encargos para hacer kayaks.  

surgere-magazine-kayak-narcis

Narcís no es un lobo de mar solitario. Al contrario. Le gusta estar rodeado de gente y compartir sus conocimientos con todo el que esté dispuesto a escucharle. Por eso, además de fabricar por encargo, empezó a impartir talleres. En un fin de semana, sus alumnos aprenden a elaborar su propia pala groenlandesa. Y en 9 días, maestro y alumno podían crear -que no fabricar, como a él le gusta remarcar- un kayak tradicional personalizado. “Me vino gente de Alemania, de Italia, de Ibiza, Menorca, Madrid,… Fue muy bonito!” Pero la crisis afiló sus garras al máximo, y la cosa se puso muy complicada, porque realmente un kayak artesano es un artículo de lujo y el negocio apenas daba para sobrevivir. “¡Estaba a punto de mandarlo todo a tomar por saco! Aún no sé ni cómo ni por qué, se me ocurrió contactar con Quico Despuig, de las atarazanas Despuig de Roses y fui allí a trabajar con barcos grandes de madera. Conocí a Antonio Cádiz, a quien considero mi verdadero Maestro Carpintero de ribera. Ya no estamos hablando de kayaks ni de palas, sino de grandes barcos, maquinaria industrial, etc. Allí es donde más aprendí, ¡de hecho es como si hubiera ido a la universidad cobrando!”

surgere-magazine-narcis-fors-remos

surgere-magazine-estructura-kayak

Al acabar esa etapa, una vez más toca reciclarse: se titula como técnico deportivo en piragüismo, trabaja como guía de kayak en Ibiza, y va cogiendo experiencia durante dos años. “De vuelta en Lloret, compro 6 kayaks y con la furgoneta que me deja un amigo monto la empresa Kayak Adventure Lloret (@kayakadventurelloret). Me dedico a hacer rutas guiadas. Ofrecemos un servicio de mucha calidad, ya sabemos lo que hay por esta zona en temporada alta…”

surgere-magazine-kayak-adventure-lloret

Pero respirando ese embriagador aroma de la madera, y ante la visión de los kayaks del taller, es imposible no retomar la conversación sobre su etapa americana, donde intuimos está el origen de las bellezas que tenemos delante. “Son mis niños. Estos son kayaks tradicionales groenlandeses -muy técnicos, se usan para esquimotaje, son los Pura Sangre de los kayaks- y éstos otros, aleutianos de Alaska, más rápidos, no tan cómodos pero más fáciles para navegar.” Resulta increíble la cantidad de detalles que conoce Narcís. Es un apasionado de la cultura ártica en general y groenlandesa en particular. Conoce la historia de cada uno de los pueblos que dan origen a estas embarcaciones, su cultura, tradiciones, funcionamiento y costumbres.  

surgere-magazine-kayaks-narcis-forsA día de hoy, al aprendiz que se fue con una mochila a una remota aldea de Canadá, es todo un maestro. Los fines de semana continua con los talleres de palas, y vuelven a llegar los encargos de kayaks. “Pasamos 9 días juntos, trabajando codo a codo con el cliente. Hablamos de lo que quiere, tomamos las medidas, y empezamos a crear. Hacemos la estructura de pino, y damos forma a las costillas de fresno con vapor. Para la cobertura, según el kayak, usamos madera o nylon balístico. En 9 días tienes tu propio kayak tradicional y personalizado.”

surgere-magazine-belone-narcis-fors

“Cuando alguien que se ha hecho un kayak conmigo, regresa emocionado para comentarme cómo le ha ido, es una satisfacción brutal. Pasamos muchas horas juntos durante el proceso, conoces a la persona… y verle feliz tras haber hecho un buen trabajo, compensa todas las penurias y esfuerzos que han quedado por el camino.”

Parece que la charla en el taller llega a su fin. Todos nos quedamos en silencio, respirando por última vez ese olor a madera, mientras Narcís nos apremia desde fuera: “¡Venga chicos, no sé en vuestro pueblo, pero aquí, los días de lluvia, se toma el vermut!”

Helga Molinero /@HelgaMolinero & David Gimeno A / @DavidGimenoA