Sin ningún tipo de sonrojo, PLASTIC BAG es una película ambiental. De entrada eso podría hacer saltar las alarmas de “aburrido” para muchos. Sin embargo, nos encontramos ante una cinta apasionante, muy hábil en su narración, y, sin lugar a dudas, dramática. Todo ello para mostrarnos el ciclo vital de uno de los objetos de consumo más comunes, y a la vez más nocivos, de nuestra vida diaria: una bolsa de plástico.
La protagonista de Plastic Bag es una viajera rebelde que recorre el mundo en busca del significado de su existencia. ¿Una bolsa de supermercado que busca el significado de la existencia? Definitivamente absurdo. Sin embargo, gracias a la maestría del director, Ramin Bahrani, el corto logra transmitir un efecto dramático, a la par que enternecedor.

Es innegable que el tema tratado, la angustia existencial, no es algo trivial. Por ello, el director consigue que nos tomemos la cinta y su concepto de forma seria, aunque con pausas ocasionales para el humor irónico. El resultado es una película que es un éxito a nivel educativo, ya que invita a reflexionar sobre el uso indiscriminado que hacemos de materiales como el plástico, pero también a nivel de entretenimiento: la belleza de las imágenes es innegable, la narración impecable, y el choque emocional al humanizar un objeto inerte provoca una tremenda empatía en el espectador. Plastic Bag nos permite ver, a través de la experiencia de la bolsa de plástico, nuestro propio mundo con nuevos ojos. Un mundo, eventualmente, sin seres humanos en absoluto.

La belleza de las imágenes refuerza el viaje interior de la bolsa, reflejando su estado mental en la naturaleza. Sin embargo, como el propio guión, estas imágenes cumplen el doble propósito de involucrar el mensaje ecológico a través de su representación simple y dramática de nuestro mundo. Una elegía por lo que es nuestro, y, en la historia, lo que eventualmente perderemos.
Sin duda otro triunfo es la voz humanizadora de la bolsa, a cargo de Werner Herzog. El guión con el que trabaja Herzog y su interacción con él son magistrales. La encantadora rareza de su manejo germánico del inglés es entrañable, y hace de Plastic Bag algo simpático dentro de su ingenuidad. También recurre al humor sutil e irónico para romper la tristeza opresora de la pieza. El uso recurrente de la palabra “monstruos” para hacer frente a las criaturas no humanas resulta divertido y conmovedor a la vez.

Bahrani ha desarrollado una gran reputación gracias a sus tres largometrajes: “Chop Shop”, “Goodbye Solo” y “Man Push Cart”. En Plastic Bag emplea las mismas habilidades que en sus otras películas, abordando con ojo humanista cuestiones como la comprensión del mundo interior a través de objetos, y la mirada de un fotógrafo para plasmar la belleza natural en el mundo exterior.

Un film muy recomendable, que nos obliga a mirar más allá. Tal vez la próxima vez que vayamos al supermercado, recordemos a la vieja bolsa vagando eternamente en el mar. Recordad entonces, los millones de bolsas errantes que pudren nuestro mundo.

Helga Molinero / Twitter: @HelgaMolinero