Es curioso, ¿no? Esto de las modas que hacen subir y bajar todo aquello que entra en su rueda. Como un tsunami al tragar tierra firme o un alud que arrasa todo cuanto encuentra en medio de la montaña.

Todo ha ido muy rápido. Recordamos tener que comernos hora y media de tren, y otra de pateo, para llegar al cuchitril miserable donde encontrar miel para nuestros sentidos. Eran las primeras skateshops, que aparecían desperdigadas por el mapa de nuestra memoria adolescente. La vida es un engranaje en constante movimiento que nos transforma y que torna la esencia de las cosas en producto, y justamente eso es lo que pasó con todo el cosquilleo que despertaba el descubrir de aquel/este nuevo/viejo mundo para nosotros.

Las modas, el modernismo, el capitalismo, el exprimir todo aquello que significa algo para una minoría y convertirlo en pasto de mayorías. En definitiva, matar la esencia de las cosas, despersonalizarla, acabar con los matices que la hacen única y crear consumidores de toda esa nueva mercancía que no tiene nada que ver con aquello que un día fue tan especial que hasta acercarnos nos imponía respeto.

Y por eso nace esta página, esta web, este magazine, o como lo queráis llamar. Porque, sin ánimo de pretenciosidad alguno, venimos a quejarnos y a dar voz a todos aquellos que, como nosotros, están desencantados con la industria que mata sentimientos y los convierte en moneda, en superficialidad, en competitividad y en velar por el propio interés. Y, en la medida de lo posible, crear un rincón familiar donde descubrir todas aquellas historias maravillosas por reales que acontecen a escondidas y restan desapercibidas en la memoria de los anónimos.

Así que usadnos, estamos aquí para eso. Usadnos, pero no nos utilicéis. Que eso ya lo hacen otros.

Vuestros. 

 El equipo de SURGERE MAGAZINE.