Mediados de la década del año 2000. El capitalismo, dirigido a caballo por los prominentes y cada vez más habituales gobiernos de derecha, ha conseguido hacerse con el control de la economía mundial. La globalización económica ha conseguido hendir una brecha en el corazón de los mercados a través de la que succionar la sangre del populacho convirtiéndola en el oro de las clases poderosas. Aunque eso es algo que todavía no se sabe, bueno, se intuye pero todos vivimos tan cobijados por eso que conocemos como el estado del bienestar que nadie se atreve a levantar la voz para no romper esa supuesta armonía.

El capitalismo vive del consumo exacerbado de la sociedad del momento, que se consigue a través de las modas, que son el mecanismo perfecto para motivar el gasto impulsivo en seres racionales como deberían ser las personas.

Como decía, nos encontramos a mediados de la primera década del siglo presente. La moda avanza devorando conceptos, subiéndolos a lo más alto y dejándolos caer cuando ya no le sirven –como un amante ávido de nuevas y fugaces experiencias–. El ser humano es así, intenta buscar la innovación para sentirse diferente y crear de ella un cliché gracias al que todos acabamos siendo productos del mismo molde. Es la inacabable contradicción humana hecha negocio perfecto.

Skateboard & Snowboard, del cielo al infierno por Rafa Rubio
Agotadas las vías más comunes, el siguiente paso es tirar de minorías, hacer de la minoría una moda, un motor lo suficientemente potente como para arrastrar a la masa y arrasar con ello. Disfrazarse y sentirse partícipe de algo porque, al fin y al cabo, el ser humano lo que quiere es no sentirse excluido. Así que si tiene que ponerse un pantalón ancho y una camiseta XL cuando hace tres días se reía de los que vestían así, pues lo hace porque ahora toca eso y si no lo hace del que se reían será de él.
Primero fueron las marcas macarras estilo “Tuputamadre” y similares, seguidas de las “No Fear” o “El Niño”, para acabar más tarde engullendo el sector más surfero, con las “Quiksilver” y “Billabong” a la cabeza, y después, sí amig@s, el skateboard y el snowboard.

Skateboard & Snowboard, del cielo al infierno por Rafa Rubio
Miles de personas se lanzan a las estaciones de ski para practicar ese deporte “nuevo” llamado snow y se visten con ropajes del mundo del skate. La industria ve el filón y pone su maquinaria a hacer billetes. Todos los focos apuntan hacia un sector que hasta el momento había hecho de sus sombras el factor genuino que lo mantenía al gusto de los más puristas. Pero la moda es moda y arrasa con todo. Y donde antes había un “quillo” ahora hay un snowboarder ataviado de DCSHOES, y donde antes había un “maquinero” ahora hay un “ravero” vestido de VOLCOM y calzando unas DVS anchas.
Y claro, como no podía ser de otra manera, en un espacio corto de tiempo, todos son expertos de algo que desconocían hace cuatro días y, como los bancos están deseando ver entrar en sus sucursales a jóvenes emprendedores a los que exprimir a base de intereses, muchos de ellos se lanzan al mundo empresarial. Porque las marcas quieren puntos de venta, cuantos más mejor, y facturación, mucha facturación con las que forrar sus cuentas bancarias del color del dinero.

Skateboard & Snowboard, del cielo al infierno por Rafa Rubio
Las skate shops y snowshops empiezan a aparecer en el mapa cual setas tras la lluvia. El funcionamiento es muy básico: te acercas a un banco a pedir unos dineros, el banco te los concede, y llamas a varias marcas para ver cuál de ellas está dispuesta a servirte material. No hay fallo, tarde o temprano encontrarás alguna marca que esté dispuesta a venderte, porque para eso están. Y después, allí, ante tus narices, es cuando te encuentras al ser del que dependerá tu porvenir dentro de este negocio, y dependerá de su nivel de ambición que tú te descalabres o prosperes; de su ambición y, evidentemente, de tu capacidad de raciocinio y reacción.

Sin querer profundizar en experiencias personales, sólo diré que en doce años de gestión de mi propio negocio, me he encontrado a todo tipo de personas que ejercían ese papel. Y hay una frase que, pasado el tiempo, se encumbra como la mayor de las mentiras del sector y no es otra que “nosotros estamos contigo y te vamos a apoyar hasta el final”. Y lo digo yo cuyo negocio forma parte del 10% que han conseguido sobrevivir a la criba demencial que asoló aquel mapa poblado por innumerables hongos; sí, la lluvia de billetes cesó y con ella desapareció el grueso mayor de puntos de venta. Evidentemente, no hace falta que diga que me he encontrado con innumerables maravillosas personas dentro del sector, personas que sí han cumplido esa máxima que para mí resulta imprescindible en toda relación comercial. Pero claro, hablamos precisamente de una relación comercial y ¡Ay, amigo! ¡Poderoso es don dinero!

Skateboard & Snowboard, del cielo al infierno por Rafa Rubio
En definitiva, las personas que se presentaban como los guardianes de las marcas y por ende del concepto skate, aquellos que se vanagloriaban de ser los defensores del sector e iban a preservar la autenticidad de este estilo de vida, empezaron a venderse al mejor postor, a abandonar a las tiendas de toda la vida que habían cuidado el concepto core del skate. Las marcas crecieron, el mercado creció, y todo el mundo quiso llevarse a la boca el mayor bocado posible del pastel. Y es lícito que cada uno intente sacar el mayor partido de algo que se ha convertido en un negocio. Pero no le puedes pedir la misma responsabilidad al directivo que acaba de comprar una marca para exprimirla, que al tipo que pertenece al mundillo y lleva contigo trabajando varios años. Porque ese tipo te ha vendido un estilo de vida, una forma de trabajar, una camadería, un “estamos aquí juntos por y para el concepto”, y cuando menos te lo esperas le está vendiendo tu zapatilla core al multimarcas de la esquina, o te está apretando con la facturación porque otra tienda ha abierto en tu zona. Es obvio que las marcas piden números, y el puesto de trabajo de estos repres depende de conseguir esos números, pero se pudo haber hecho una criba o una selección de producto –como muchos hicieron– y no dejarse llevar por la ola de billetes que afloraba en forma de comisiones.

Skateboard & Snowboard, del cielo al infierno por Rafa Rubio
En ese sentido, conozco a muchos colegas de la profesión que se lanzaron, con una inexperiencia notable al mundo empresarial y fueron devorados por esa gente que les había jurado amor eterno mientras les llenaban las hojas de pedido con género que ellos mismos sabían que no tenían capacidad para vender.
Pero por suerte, como digo, no todo el mar está lleno de depredadores y yo, personalmente, he tenido la suerte de encontrarme con personas maravillosas que a día de hoy siguen demostrando en este mundo sigue quedando gente que vela por una forma de vida que ha sobrevivido a ese subir a los cielos y posterior caída a los infiernos.

Desde aquí, darle las gracias a estos últimos.

Todo mi respeto hacia vosotros, hermanos.

Por Rafa Rubio.